Cartas de Munchkin

29 03 2011

Hace ya varios años que descubri el juego del Munchkin por recomendación de un compañero de trabajo friki, ya se sabe “dios los cria y ellos se juntan”. El caso es que sus descripciones de las cartas me llamaron lo bastante la atención como para decidir hacerme con el juego. Asi fue como con mis tres amigos habituales comencé a jugar al Munchkin.

Al cabo de pocas semanas, me di cuenta de que las cartas iniciales se quedaban cortas para las pedazo partidas que solíamos echarnos y que, dad la ragularidad con la que jugabamos, ya nos conociamos casi todas las cartas. De modo que me compré la segunda expansín, Hacha Descomunal. Y asi pasó el tiempo y, tras una serie de desafortunadas desdichas, me acabron regalando la tercera expansión, Pifias Clericales.

La entrada no pasaría de ser una mera recomendación del juego, de no ser por las cartas en blancos que las expansiones traían de serie para que cada jugador se crease sus propios monstruos/maldiciones/tesoros. Aqui yo ya estaba emocionadísimo y me curré un mogollón de cartas que le daban más vidilla al juego.

El caso es que como les dediqué horas y horas a pensarlas, dibujarlas y plastificarlas me da no se qué que nadie más pueda usar mis cartas si le parecen interesantes. De modo que como esto no tiene ni copyright ni nada, aunque me pese, he decidido empezar a colgar las cartas que he fabricado para que cualquiera pueda descargárselas e imprimirlas.

Las imágenes están distribuidas para ser impresas en tamaño folio por una sola cara, para que después les pongais el reverso pertinente de puerta o tesoro por vuestra cuenta, que tampoco os lo voy a dar todo hecho.

En esta primera entrada voy a subir un puñado de cartas de mazmorra centradas en monstruos. Algunas criaturillas son más conocias que otras, pero siempre hace ilusión pelear contra ellas si conoces de dónde han salido.

mazmorra monstruo munchkinDe momento estas primeras cartas son todas inventadas por mi, asi que no tengo ningun agradecimiento que dar ni atribuir ningun mérito a nadie por ellas excepto a mi . Y, como comprendereis, no soy tan engreido como para alabarme a mi mismo, pero vosotros si podeis alabarme si quereis.





Diario de a bordo CXX

28 03 2011

El elevador me llevó hasta la última planta, pero aun quedaban dos tramos de escaleras por subir hasta llegar a lo alto del edificio. Allí debía estar Janos esperándome con el pedazo de hielo que albergaba a mi brazo izquierdo.

No me atrevía a subir las escaleras. No sabía qué hacer. Esta vez sería Janos el sorprendido y no como cuando nos emboscó con su buque al rodear el antiguo Cuartel del Oeste. Y sin embargo no me terminaba de convencer. Aquello tenía pinta de ser otra jugada de las suyas y solo tenía la palabra de Brisseis como garantía de que no lo tenía planeado. ¿Podía fiarme de ella? ¿Hasta dónde llegaba la previsión de Janos? ¿Habría conseguido convencerla de que me guiara hasta el elevador? ¿O decidió fingir una rutina todo este tiempo y hacérselo notar a la gente que me conocía para indicar sutilmente dónde podría encontrarle? ¿O se trataba sencillamente de una rutina auténtica y todo aquello no era más que otra de mis típicas paranoias para evitar una confrontación?

No hacía ni dos semanas desde que nos enfrentamos en la cubierta de la Fenris. Ya entonces Janos demostró la diferencia que existía entre ambos y dudaba mucho que nuestra incursión en Elbaf hubiese mejorado mis habilidades con la alabarda. Lo poco que había utilizado el arma que compré en Lodge Town no había resultado muy efectivo, y aunque me desenvolvía con cierta soltura cada vez que la manejaba con mi única mano, poco tenían que ver esos ejercicios con una situación como la que me esperaba.

Estuve un buen rato pensando frente a las escaleras. Debía decidirme pronto. Necesitaba recuperar mi brazo. Tuve suerte de salir vivo de Elbaf sin él y estaba claro que me haría falta en el futuro. Pero no me apetecía nada presentarme de nuevo ante Janos y pelear contra él. Y menos con las pintas que llevaba, empapado por la lluvia que caía hasta que conseguí entrar en la Torre y con un brazo de menos.

Fuera como fuera, tenía que decidirme pronto. No sabía cuánto tiempo más faltaba para la ejecución de Txus y debía regresar al barco para zarpar cuanto antes. El barco era nuestro punto de encuentro si a alguno de los equipos le iba mal. En mi caso seguro que Caos ya estaba esperándonos a bordo. ¿Cómo había podido perderse si iba justo detrás de mi?

Decidí dejar de lado todas mis tribulaciones y centrarme en lo más inmediato: Janos. Asi que comencé a subir las escaleras. No sé si sería por la humedad del agua en mi ropa o por los nervios que tenía, pero me daba la sensación de que cuantos más peldaños subía más calor hacía.

El segundo tramo de escaleras moría en una apertura del techo a modo de buhardilla. Los últimos escalones desaparecían bajo una densa neblina blanca que resplandecía cubriéndolos por completo y ocultaba el exterior hacia el que daba acceso el hueco. Era una extraña sensación. Me recordaba a la bruma que se formaba sobre la superficie de un pantano al amanecer, con la diferencia de que esta bruma caía desde arriba en vez de salir desde abajo.

Cogí todo el aire que pude y ascendí rápidamente aquellos últimos peldaños que me faltaban atravesando esa misteriosa neblina.





Terceras crónicas 27

4 03 2011

Vircof, con las manos en alto, sólo pudo mirar hacia el techo para ver como Txus volvía a cubrir el hueco del techo con el panel que había retirado. Desde su escondite, el médico escuchó la conversación sin poder hacer nada.

“Repito: muéstreme su identificación.” Insistió el soldado.

El artillero se dio la vuelta poco a poco, empujando su petate con el pie hacia un lado del pasillo.

“N-no tengo…” Confesó. “No tengo identificación.”

“Entonces me temo que tendrá que venir con nosotros, señor.” Respondió el soldado bajando el arma y acercándose.

“Acabo de llegar. Joder, nadie me dijo nada de la que estaba cayendo ahí fuera.” Dijo Vircof intentando justificar porqué alguna de sus ropas seguían mojadas. “Mi nombre es Skizo, Skizo Andreas y soy un reportero de la sección de armamento. Me mandan de última hora desde la revista ‘Cacería y pesca’, tal vez hayáis oído hablar de ella. Publicamos en Arabastra y distribuimos por toda la costa este del Octavo Mar. Os daría mi tarjeta pero la tengo con todo lo demás en el equipaje y no es plan de ponerme ahora a buscarlas.” Añadió con más confianza señalando el petate que ocultaba su armadura. “He llegado un poco tarde y quería mear antes de registrarme. Espero no llegar tarde para la ejecución de ése malnacido.”

Los soldados se miraron sorprendidos. Se notaba que no tenían mucha experiencia en ese tipo de situaciones. Entonces el soldado con quien hablaba les hizo una señal y dejaron de apuntar a Vircof.

“Bien, señor, pero aun así tendrá que acompañarnos. Se encuentra lejos de la zona designada a las visitas.”

“Por supuesto, lo que digáis. No quisiera perderme el evento del año. Pero antes, y ya va en serio, tengo que mear. No podré concentrarme para escribir un buen articulo si no tengo la vejiga despejada, ya me entendéis.”

“Uh… claro, señor. Acompáñenos, hay unos aseos de camino al área de periodistas.” Respondió el soldado muy incomodado por lo que acababa de decir Vircof.

El grupo de soldados recogieron sus armas y se dispusieron a escoltar al recién llegado periodista. El artillero recogió su petate y avanzó con ellos por el pasillo en la dirección por la que habían llegado.

Se detuvieron ante una puerta de lavabos y dejaron pasar a Vircof. Una ve dentro, el artillero abrió unos grifos y dejó correr el agua. El ruido de los borbotones disimulaba el golpeteo metálico de la armadura mientras la sacaba del petate y se la ponía por debajo de las ropas.

La puerta del lavabo se abrió y uno de los soldados preguntó si al periodista si le faltaba mucho. Vircof se apresuró. A la salida, nadie notó el petate ligeramente más pequeño.

Continuaron caminando un poco más, bajando unos tramos de escalera y girando por unos pasillos que había en la planta de abajo hasta llegar prácticamente a la puerta de la sala donde los periodistas estaban sentados en las gradas. La luz ya había regresado. Dos soldados comentaban que algún idiota en la sala de control había desconectado el rotor de los generadores y por eso el maná no fluía hasta las lámparas, pero por fortuna los generadores auxiliares desviaron el maná de la ventilación a los circuitos de iluminación.

Registraron a Vircof como un periodista más. ‘Cacería y pesca’ no figuraba en la lista de revistas invitadas al evento, pero con un poco  de teatro que hizo el corresponsal consiguió la identificación. Vircof entró en la sala y vio al otro lado de una mampara de cristal a Txus, encadenado y custodiado por dos soldados. Txus le miró y asintió ligeramente.

Vircof, con su tarjeta de enviado de ‘Cacería y pesca’ subió por las gradas intentando no mirar al preso, buscando un hueco donde sentarse. En medio de toda aquella marabunta de periodistas, descubrió a Caos mirándole. Cuando cruzaron las miradas, Caos giró la cabeza, disimulando de mala manera.








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